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por Javier Andres Baquero Maldonado - Presidente Mppu Colombia

guerra foto2Los 47 millones de seres humanos de diversas culturas, entre indígenas, afrocolombianos y mestizos que por razones históricas habitamos la parte del mundo de Suramérica acogida entre el Océano Pacífico, el Mar Caribe y la amazonia, territorio con alta riqueza y diversidad natural, somos un pueblo con la capacidad de resiliencia a una guerra que supera los 50 años, pero aun más una historia en la cual nunca ha faltado la violencia, pero que sin embargo ha tenido la capacidad de perdonar, reiniciar y soñar siempre con un mejor mañana.  

Sin desconocer las grandes cosas bellas de Colombia, me permito concentrarme en los asuntos que nos han tenido en dificultad, un conflicto social, económico y político con una guerra en la que aun nos encontramos, producida por grupos de extrema derecha y extrema izquierda, quienes han constituido ejercicitos privados dejando a la fecha más de 8 Millones de victimas de migración interna y cerca de un millón de civiles muertos, dejando implicaciones sociales como, un nivel de pobreza superior al 30%, el tercer país más desigualdad del mundo, el mayor productor de cocaína y los altos índices de corrupción social y política. Es este un panorama complejo, multicausal y cíclico, por lo tanto no hay un solo factor o actor determinante.

En camino a resolver este conflicto armado, el gobierno desarrolló un proceso de negociación con la guerrilla más fuerte del país -las Farc Ep-, llegando a la firma de un acuerdo que ha tenido diversas dificultades desde su legitimación hasta su implementación actual. Sin embargo, es importante decir que aun hay una guerrilla que se mantiene activa y con la cual hasta ahora solo se ha logrado iniciar un dialogo. Dentro de los asuntos más complejos son la alta polarización que ha generado este proceso, ya que existe un grupo de extrema derecha que no ha estado a favor de negociar con las guerrillas, sino disminuirlos por la fuerza y luego judicializar a todos los implicados, al punto que en la plebiscito que se realizó el 2 de octubre de 2016 para aprobar el Acuerdo, este sector por el “No al acuerdo” venció con un 51%.

Sin embargo, hoy puedo portar las buenas noticias, de que el acuerdo se encuentra en firme, luego de ajustes realizados con el sector político del No y su refrendación por el Congreso y que producto de este Acuerdo los homicidios han disminuido considerablemente por razones de violencia política, así como los desplazamientos. Lo anterior, ha evidenciado que el camino del dialogo posibilita grandes resultados para la estabilidad y la paz del país, en donde un grupo guerrillero deja las armas como medio para alcanzar el poder e inicia una vida política para participar en la construcción de país.

Aunque, por la falta de comprensión de las diferencias y de darle una mayor relevancia a los intereses particulares sobre el interés público, así como por ambiciones políticas y económicas, se han presentado homicidios a ex guerrilleros y a lideres sociales de las regiones en donde se encontraba la guerrilla, ya que se han iniciado a fortalecer de nuevo los grupos paramilitares (de extrema derecha), que tienen intereses sobre la tierra, la minería y el negocio del narcotráfico.

Actualmente nos encontramos en proceso electoral, el candidato de la guerrilla decidió no seguir participando porque considera no contar con las colombia accordo pacegarantías. Por otra parte se encuentra polarizado el país político, mediático y social, teniendo por una parte quienes consideran importante implementar el Acuerdo y por la otra quienes piensan que se debe revisar este proceso.

Esta polarización sobre el proceso de paz no solo se ha presentado en el país en general sino que nos ha tocado a nosotros como integrantes del Movimiento Político, ya que es inevitable no sentir en la propia piel los efectos de la violencia y las llagas que ha dejado en cada uno.

El Movimiento de Políticos por la Unidad, ha realizado un esfuerzo por comprender nuestro rol en este contexto, el cual no ha sido fácil, porque algunos apostaban por la idea que debíamos ir de manera decidida a apoyar el proceso de paz, pero otros se mantenían en que este acuerdo no era justo con las victimas. Aunque con razones encontradas, hemos decidido luego de mucho dialogo, la presentación de argumentos, una escucha profunda, que no debíamos tomar una posición al respecto, sino por el contrario debíamos promover el dialogo y el encuentro entre las diversas posiciones.

Con la fuerza espiritual que nos permitió experimentar el Papa Francisco con su visita y su invitación para “Dar el primer paso”, luego de la consulta popular en diversos encuentros logramos evidenciar que el país son los del Si y los del No, por lo tanto nosotros teníamos la responsabilidad de tender puentes entre los sectores políticos y sociales de estas posturas. Es así que los que estábamos con el Si, vimos que los del No eran un don para nosotros, porque nos permitió ver la complejidad de nuestro país, de reconocer la paz como un proceso a realizar en el diario y con todos. Siendo así que los aportes del No en el acuerdo final, fueron útiles para continuar y el hecho de haber perdido el Si, puso el tema en la agenda social, las ciudadanía habló más de paz siendo conscientes de sus efectos, los jóvenes se tomaron las calles, se apropiaron de la necesidad de firmar el acuerdo y construir un país que les permita vivir en paz.

Siendo así que promovimos diversos encuentros con ciudadanos, políticos y académicos para dialogar sobre el país, pero siempre poniendo como punto de referencia la pregunta sobre ¿Qué tipo de política debemos hacer?. En ocasiones logramos llegar a acuerdos entre nosotros, sobre la importancia de la diversidad, el dialogo y el bien común en la política, constituyéndose en un método de trabajo y no un punto de llegada. Entre otros procesos realizados en esta línea, son los realizados por el Mppu de la ciudad de Bogotá, que es liderado en gran parte por jóvenes que trabajan en el gobierno, así como en Boyacá los diálogos políticos promovidos por un profesor de derecho que realiza espacios de formación con campesinos.

Igualmente hemos logrado comprender que nosotros debemos ser como los médicos que curan y dan cuidado a los políticos, aun en la situación que se encuentran de “pecado” y vulnerabilidad. Aunque parezca incompresible, hasta los políticos acusados de corrupción y en general a los políticos, debemos amarlos hasta lograr que exista una clase política con la capacidad de vivir por su pueblo y no de su pueblo. Buscamos hacer la experiencia a diario de no juzgar al político, sino comprender cuales son las razones y condiciones que llevan a los seres humanos a pensar y hacer el daño a otros, por la búsqueda de su interés particular. En este sentido hemos aprendido de los integrantes del MPPU del Quindío que han realizado dialogo con políticos en la Asamblea departamental; de Cundinamarca en el municipio donde esta el centro Mariapolis y en Bogotá con un grupo que trabaja sobre el extremismo del dialogo, se han generado altos niveles de confianza con actores políticos de diversos sectores, pero en especial se ha experimentado una relación directa de amor por el político. Igualmente, en el departamento de Antioquia, los integrantes del Mppu hacen un esfuerzo por comprender el rol de la oposición en construir un municipio desde la complementariedad.

Al final hemos igualmente comprendido que nuestro rol, no es apoyar electoralmente a un político en particular, porque si lo hacemos, nos perderíamos de la oportunidad de compartir con la totalidad; por elegir uno, nos privamos de la opción por la diversidad, que nos porta de nuevo a la unidad. Hoy experimentamos que la verdad sobre el rumbo que debe tomar el país, solo se construye si estamos todos, nos escuchamos y caminamos juntos.

Es así que la falta de amor por los otros, los conciudadanos, es la razón central de la que llamamos politiquería o mala política. Por lo cual en nuestros encuentros con políticos y en especial con los jóvenes que se empiezan a vincular en la política, nos concentramos en amar sus vidas, su profesión, su vocación, sin juzgar, los acompañamos y acogemos, de tal manera que experimenten un cuerpo que los sostiene en su arduo trabajo. Estamos seguros que en algún momento estos políticos testimoniaran una nueva política, que al final reconstruirá la confianza en la política como el amor de los amores.

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