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Punto de vista

Entre los muchos temas de la visita del Papa a Cesena y a Bolonia, la atención se centra en la política y su alabanza elevada y realista al mismo tiempo. No es nuevo en el Pontífice, pero unió entre sí los diferentes momentos del viaje, desde el importante prólogo en la ciudad de Romaña (Cesena) roma a las citas de Bolonia.

Gracias a las palabras y reflexiones que Francisco expresó, hablando al mundo del trabajo delante de San Petronio, válidas «para Italia en su conjunto y para toda Europa». Como también el diálogo con las comunidades religiosas en las dos catedrales y la homilía van mucho más allá de los límites de la región. Territorio angosto que en el arco de sesenta años, desde 1769 hasta 1830, aportó cinco pontífices, mientras que dos siglos más tarde, el progresivo crecimiento mundial de la Iglesia llevó a la sucesión, desde 1978, de tres obispos de Roma que ya dejaron de ser italianos.

En un contexto en el que en Italia y en Europa se multiplican las particularidades, a menudo miopes, en Casena, que vio nacer a dos de los Papas arriba recordados, Bergoglio habló así de la importancia de un «lugar emblemático» como la plaza. Allí donde los deseos de los grupos «se armonizan con los de la colectividad», donde es «esencial trabajar todos juntos para el bien común», donde es necesaria una política «buena».

Precisando que esta política no es «aquella sometida a las ambiciones individuales o a la prepotencia de facciones o centros de interés», con el realismo, al mismo tiempo, de la antipolítica, de que «sabe que también la mejor clase dirigente no puede resolver en un destello todas las cuestiones». Y la misma pasión política tradicional de Emilia Romaña sirvió al Pontífice para alentar, frente a la supremacía financiera y mediática, el redescubrimiento de «esta dimensión existencial de la convivencia civil», pero «hacer prevalecer el bien del todo sobre el de una parte».

Y la atención a la dimensión política recorrió el encuentro, no por casualidad, el primero de las horas en Bolonia, con cientos de inmigrantes s los que el Papa quiso saludar parándose con cada uno bajo una llovizna fría e insistente. En confirmación de la previsión con la que mira la cuestión migratoria. El fenómeno de las migraciones, de hecho, «requiere visión y gran determinación en la gestión, inteligencia y estructuras, mecanismos claros que no permitan distorsiones o explotaciones, aún más inaceptables porque se cometen sobre los pobres», dijo Bergoglio. Quien después pidió a los inmigrantes que estuvieran abiertos a la cultura de una ciudad tradicionalmente hospitalaria y que «caminen sobre el camino indicado por las leyes» italianas.

La alta política volvió finalmente en el encuentro con la universidad, lugar identificativo para Bolonia, donde el Papa habló de nuevo de los «sueños valientes» de los fundadores de la Europa unida. En nombre de los millones de muertos, víctimas de conflictos, como explícitamente declaró en Naciones UnidaspPablo VI, cuyas palabras fueron repetidas por su sucesor («nunca más la guerra, nunca más contra los demás, nunca más sin los demás»), que condenó con fuerza a «quien produce violencia, alimentando la carrera armamentística y pisoteando la paz con la especulación».

g.m.v.

 

Fuente: L'osservatore Romano

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