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Punto de vista

Entrevista de Daniel Verdú a Romano Prodi en El Pais del 29 de octubre de 2018


El ex primer ministro de Italia y ex presidente de la Comisión Europea cree que la UE ha abandonado la política y advierte del creciente autoritarismo en Italia

 

Entra Romano Prodi y suena el himno de la alegría. No es una metáfora o un efecto especial macroniano. El expresidente de la Comisión Europea, dos veces primer ministro de Italia y presidente de la Comisión Europea en la época de mayores reformas, tiene el famoso pasaje del cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven como politono en el móvil. El viejo profesor, némesis de Silvio Berlusconi en los tiempos del Caimán, ha decidido dar una larga entrevista sobre la situación italiana después de muchos meses de silencio. A punto de cumplir 80 años, corre día sí y día no y se fuma un par de puros toscanos al día. Recibe en su despacho de Bolonia, justo el día en que Bruselas, uno de los territorios que mejor conoce, acaba de tumbar por primera vez en la historia unos presupuestos italianos. Pausado, casi entre susurros, no oculta su enorme inquietud.

Pregunta. La Comisión Europea acaba de rechazar los presupuestos italianos. ¿Había alternativa?

Respuesta. No podía hacer otra cosa, según las reglas de la Comisión. Pero parece que es el resultado que buscaba el Gobierno de Italia por sus intereses de política interna.

P. ¿Cómo ve el choque que se avecina?

R. Estoy preocupado, evidentemente. Italia está en una situación crítica. Podemos  hablar del déficit al 2,4%, pero el problema más importante es la falta de un compromiso estructural para reducir la deuda. Yo lo hice cuando estaba en el Gobierno y la llevamos cerca del nivel actual de Francia. Pero el problema más peligroso es la reforma las pensiones: un aumento enorme del gasto sin incrementar los ingresos. Hace algunos años se introdujo la ley Fornero, que tenía grandes errores técnicos pero aseguraba, a través de su estructura, el equilibrio al sistema y de las finanzas públicas italiana para mucho tiempo. Su abolición reproducirá una deuda pública creciente.

P. Usted mismo dice que tenía errores.

R. Se debía corregir. Había que entender que el sistema rígido de pensiones no tiene sentido. Hay que empezar a pensar en jubilarse más tarde. Pero aquí han querido hacer demagogia. El problema más preocupante es no entender que en pleno alargamiento de la vida, no se puede anticipar la jubilación.

P. ¿Y la Renta ciudadana?

R. Ya había una renta de inclusión que habría podido ser una buena base sobre la que trabajar. Pero siempre quieren romper los esquemas precedentes. La Flat Tax, en cambio, la han reducido a casi nada. Permanece como un mal propósito, pero un propósito.

P. ¿Cómo ha cambiado la Comisión Europea desde que usted fue presidente?

R. Sí, ha cambiado todo, y ese es el problema. Debe volver a hacer política. Cuando pasas el poder de la Comisión al Consejo, se pasa del órgano supranacional al órgano nacional, que representa a los estados. Y ahí manda el más fuerte.

P. ¿Alemania?

R. Sí. Desde sus intereses, ha ejercido su influencia. Pero los demás han tenido problemas para hacer una política económica distinta. Yo nunca pedí subir el déficit, pero era el derecho y deber pedir a Alemania una política económica más expansiva que tuviese en cuenta los intereses comunes. No puede tener un superávit del 8% y quejarse de China, que lo tiene del 2%. Tenemos una maravillosa China en casa. Y no tengo nada en contra de ellos, pero si no se tienen en cuenta los balances de los otros… La crisis griega es un parámetro.

P.¿Hasta dónde puede llegar el choque entre Europa e Italia, teniendo en cuenta que hay unas elecciones en mayo y no conviene alimentar el discurso populista?

R. Los dos tienen un interés en que se posponga el problema. Pero los mercados no sé si serán tan pacientes. La política siempre que puede llega a acuerdos, y aquí es posible. Pero, ¿podemos vivir durante meses mirando la prima de riesgo? ¿Con fuga de capitales al extranjero?

P. ¿Qué bazas puede jugar Italia en el pulso?

R. Italia es demasiado importante para Europa. Y a eso juega este Gobierno. Pero cuidado porque si tensas demasiado la cuerda se puede romper. Aquí hay un tercero que no es solo un árbitro, como los mercados financieros. Alimentado por los italianos, por otro lado, que se han llevado el dinero fuera.

P. Su tiempo en la comisión fue el de las decisiones políticas.

R. Ampliamos los miembros y cerramos la herida de la Guerra Fría. Creamos el euro. Pero se rechazó la Constitución y fue el mensaje del cambio de poder al Consejo. Se dejó de hacer política. Se han hecho cosas muy bonitas, como las reglas alimentarias, sanitarias, las ayudas regionales… Pero se ha terminado hacer política y a eso es a lo que Europa debería volver. Tiene que haber una batalla entre planes que reflejan las distintas visiones de Europa.

P. José María Aznar cuenta que en septiembre de 1998 usted le propuso que España e Italia entrasen en el euro más tarde.

R. Aznar me la jugó y contó esa gran mentira. Tengo las cartas que pocos días antes mandé a Chirac y a Kohl asegurando que era nuestra voluntad entrar. Aznar hizo la entrevista en el FT como un hidalgo y dijo eso. ¡Imagínese que Italia pidiese permiso a España para algo así o que fuera al revés! Es algo impensable. Toda la política italiana se hizo para entrar.

P. Visto con perspectiva, ¿hubiera sido mejor retrasarlo?

R. Hubiera sido una locura entrar más tarde. Hice todas las operaciones para entrar en regla. ¿Y se supone que fui a pedir a Aznar retrasarlo después de haber hecho todo lo necesario?

P. ¿Las próximas elecciones europeas serán las de los populistas?

R. Yo creo que les irá bien, pero no tendrán más de un tercio. Luego los populares, que están con la candidatura de Weber un movimiento a la derecha. Y dejarán a Hungría entre los populares, como hacía Kohl con Berlusconi. Si frente a ese diseño, estuvieran los socialistas, macronistas, verdes, liberales y otros reformistas… Entonces habrá una bonita batalla y que venza el mejor.

P. No vendría mal un proyecto.

R. Hay un proyecto del ejército europeo que no se ha llevado adelante y que esperaba que hiciera. Reino Unido se va y Francia se queda como único país con derecho de veto en la ONU.

P. Pero usted dice que Macron canta el himno europeo y luego cierra las fronteras.

R. Cierto. En política exterior ha sido algo gaullista. Quiero decir, está claro que si Macron entiende Europa como lo que cantó, y no como lo que está haciendo, entonces se puede volver a hacer política.

P. ¿Italia se ha vuelto euroescéptica?

R. Sí, cierto. Es por la sensación de que en Bruselas no se hace política y al mismo tiempo la tensión creciente que transforma esta posición en una oposición a la llamada burocracia de Bruselas. Se esperaba, pero no tanto. Es una consecuencia de muchos errores del centroizquierda, algunos personalismos de la política italiana… Y, sobre todo, del gran cambio en el mundo: la delegación de autoridad. Mire, no hay nada que reste más poder al pueblo que el llamado poder para el pueblo.

P. ¿La Liga y el Movimiento 5 Estrellas son eso?

R. Hay una singular coincidencia de objetivos de demolición de lo viejo. Unos parten del pueblo social los otros, del pueblo burgués y productivo. Pero con igual tensión para cambiar el centro del poder.

P. Italia se ha convertido en el laboratorio populista de Europa.

R. Italia es siempre un laboratorio político, acuérdese de ello. Mussolini fue el maestro de Hitler; Berlinguer fue el primero en romper la Unión Soviética y Berlusconi es el maestro de Trump. Siempre me he preguntado por qué. Y creo que se debe a los siglos de dominación extranjera, que nos han hecho sensibles a los cambios, es un instinto popular. De hecho, los políticos más refinados en Italia son sicilianos, justamente quienes más han tenido esa larga sensación de opresión.

P. Esa finezza que Andreotti echó en falta cuando visitó la España de la transición parece que también ha desaparecido aquí.

R. No es que haya terminado la finezza, es que ha cambiado el mundo. La finezza no es compatible con Twitter.

P. ¿Cuánto tuvo que ver el referéndum de Matteo Renzi en la situación actual?

R. Tuvo una importancia enorme. Justamente porque se le atribuyó esa relevancia. Si hubiera sido solo sobre la reforma de algunos artículos de la Constitución, que además eran una mejora para el funcionamiento del país, se habría aprobado. Si se hubieran separado las preguntas, el pueblo italiano habría dicho sí. En cambio, tal y como se planteó, hizo que se rechazasen una serie de mejoras que la mayoría de italianos habría querido.

P. ¿Cree que este Gobierno terminará la legislatura?

R. No lo sé, pero tiene una mayoría conspicua y fuertes intereses de poder que les empujarán a durar. La divergencia en los programas invitaría a pensar lo contrario. Pero en política vence el poder, un cemento extraordinario. Además, no hay presencia de alternativa ni de oposición.

P. ¿Por qué no hay un espacio político para la gente que no piensa como este gobierno?

R. No lo sé, pero es evidente que no lo hay. Se han fragmentado y el anterior Gobierno ni siquiera pudo hacer valer su buena administración. Es un problema que deriva de problemas profundos, ese deseo de autoridad que recorre el mundo. Y que en Italia ha encontrado elementos más fuertes que en otros sitios.

P. ¿Hay un riego del crecimiento del autoritarismo y la xenofobia?

R. En Italia La Liga lo han utilizado para aumentar la tensión contra todo lo que no esté en las raíces de la tradición. Xenofobia quizá es algo distinto, pero tenemos un nacionalismo que ha ido mucho más allá que en otros países. No es casualidad que haya una llamada continua a Hungría y a Polonia, donde estos aspectos en los que se restringe la libertad ya se han traducido en legislación. Aquí solo son afirmaciones verbales, pero cuando las oigo en boca de quien tiene la mayoría en el Gobierno pongo la oreja en la vía y espero que llegue el tren.

P. La Liga ha tomado un espacio de la izquierda. Es curioso que la ultraderecha se dirija a los votantes de izquierda.

R. Claro, sino cómo iba a tener tantos votos. Lo puede ver también geográficamente. En las periferias vence la Liga. Hay una gran insatisfacción y Salvini lo simplifica todo y utiliza ese malestar. Hasta que no haya una oposición con un programa que luego de pie a un candidato…

P. ¿Usted estaría dispuesto a volver?

R. Cumplo 80 años el próximo año. En los últimos seis años he enseñado en EE. UU. y China. En esta fase de mi vida prefiero pensar, escribir y hablar con los jóvenes y en particular, de la importancia de la paz en el mundo. Sobre este tema he trabajado muchísimo con Naciones Unidas y con algunos políticos de mi generación con los cuales siempre he compartido ese valor. Por otro lado, sigo andando en bicicleta y corro un día sí un día no. Tengo una vida intensa, no crea. No tengo ninguna intención de hacer política activa.

Fuente: www.romanoprodi.it

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