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Punto de vista

Elecciones en Brasil 

Por: Alberto Barlocci

Si bien al cierre de esta edición aún faltaba desarrollarse el balotaje, la amplia ventaja conseguida por el candidato derechista Jair Bolsonaro en la primera vuelta fue un mensaje contundente para la política brasileña. Una campaña electoral inédita

Brazil Elections

No deja de ser una sorpresa que en primera vuelta Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal y portador de un discurso violento y abiertamente racista y machista, haya superado todas las previsiones, incluso las más optimistas, superando el 46 % de los votos, mientras que Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, se tuvo que conformar con un 28 %.
Al cierre de esta edición, los 147 millones de brasileños volvían a las urnas el 28 de octubre para elegir a su presidente entre estos dos candidatos, y Haddad confiaba en una convergencia de votos similar a lo ocurrido otras veces en Perú y en Francia, países en los que en segunda vuelta las derechistas Keiko Fujimori y Marine Le Pen no consiguieron ganar la presidencia por el rechazo que generaron. Pero lo cierto es que el resultado de la primera vuelta catapulta a Bolsonaro a nivel nacional, más que como fenómeno social, como éxito electoral.
Quizás una explicación está en la crisis inédita que sigue afectando el país, a partir del deterioro provocado por el inmenso escándalo que ha mostrado un sistema político decadente y corrupto. Hace cuatro años, nadie podría imaginarse que, luego de ganar por un escaso margen, la presidenta Dilma Rousseff acabaría en agosto de 2015 destituida por una falta (bastante) menor. La sucedió su vice y compañero de fórmula, Michel Temer, del conservador PMDB, que de aliado se transformó en acérrimo enemigo político cuando fue claro que Rousseff no aceptaría cajonear las investigaciones sobre corrupción. Mientras una dura crisis hundía la economía del país, Temer consumaba una verdadera traición dando un giro político que hizo regresar a Brasil a las políticas neoliberales de los 90. Mientras, las investigaciones llevaban a la cárcel a encumbrados políticos de casi todos los partidos, incluido el ex presidente Lula da Silva, quien purga una condena a 12 años. Para sus defensores nunca ha sido probada la acusación. Hasta último momento, alimentó la esperanza de ser candidato, hasta que la justicia electoral aplicó la ley que se lo impide. Su lugar fue ocupado por su correligionario, Fernando Haddad. Hasta ese momento, Lula conseguía el apoyo de casi el 40 % en los sondeos.
Puede que postergar esta decisión hasta último momento haya afectado la campaña de Haddad. Exintendente de San Pablo, con un perfil más académico e intelectual, el candidato no ha recibido el apoyo que reunía Lula. Al revés, se le trasladaron los rechazos (41 %). A su vez, no le quedó mucho tiempo para tomar distancia con ese PT visto como símbolo de un gobierno corrupto y co-responsable del descalabro político y económico que vive el país. Ni ha tenido tiempo para consolidarse como candidato y además asumir el desafío representado por la campaña de Bolsonaro.
El candidato ultraderechista −el calificativo es de rigor− ha cosechado el 46 % de los votos sin hacer una campaña tradicional, obligado como estaba a guardar reposo luego de la puñalada que le asestó un lunático a comienzos de setiembre. No ha participado de debates televisivos, es el candidato que menos aparece en la pantalla chica y el que más ha centrado su campaña en un sistema mucho menos costoso: whatsapp. La aplicación es sumamente popular en Brasil, con 120 millones de usuarios, y recién cuatro días antes de las elecciones el equipo de Haddad ha comprendido que vivimos en una época en la que cualquier cosa no es cierta “porque lo dice la TV”, sino “porque se dice en el whatsapp”. Y por este sistema los simpatizantes de este exmilitar han podido difundir, sin que sea fácil rastrearlas, mucha información falsa que ha ido creando en muchos sectores, también de clase media alta −por tanto, con cierto nivel de educación− convicciones que nada tienen que ver con la realidad: la posibilidad de fraude electoral, pese a que el sistema se ha destacado por su confiabilidad; el atacante de Bolsonaro habló por teléfono con una figura del PT el día de la agresión, información totalmente falsa, como lo es el convencimiento de que en los colegios se difunde información del movimiento LGBT sobre conductas sexuales.
Este candidato reúne los temores por la inseguridad y el rechazo general a la corrupción enquistada en el sistema de partidos, al punto que pasa en segundo lugar su manifiesta simpatía por figuras de la última dictadura militar. Un torturador es directamente fuente de inspiración para el aspirante a presidente. Su idea principal es armar a la “gente bien” para contrarrestar la criminalidad que provoca en el país 68 mil muertes violentas cada año. Y la prioridad será acabar como sea con los criminales, sin “sofisticaciones” como el Estado de Derecho. “Un policía que no mata, no es un policía”, es uno de los aforismos que completan las ideas, pocas, de este político racista que desprecia afrodescendientes e indígenas, machista y homofóbico, partidario de un ultra liberalismo económico. El establishment político y económico, clases altas incluidas, ha captado que Bolsonaro es una oportunidad de reacomodo. Incluso figuras cercanas al ex presidente Fernando Henrique Cardozo le han expresado su apoyo. Con él podrán ubicarse, algo que no ocurriría con Haddad. Mientras tanto, el Legislativo recibió una importante sacudida, con duros reveses para los parlamentarios “de carrera” (en particular, fueron castigados 18 de los 23 diputados que aprobaron la cuestionada reforma previsional) y el Senado más fragmentado de la historia brasileña, con nada menos que 21 bancadas. Un desafío para la gobernabilidad. La expresidente Dilma Rousseff no fue elegida. El PSL de Bolsonaro aumentó de 2 a 52 sus curules parlamentarios. Habrá más mujeres (un incremento del 51 %) y debutantes.
En política se sabe que no siempre dos más dos da cuatro. Cuando usted esté leyendo estas líneas ya se sabrá quién será el nuevo presidente de Brasil. Lo cierto es que el resultado de la primera vuelta ya fue un mensaje contundente. ¿Haddad habrá podido remontar la enorme desventaja sumando los votos progresistas de Ciro Gomes? ¿Se habrá consolidado la ventaja de Bolsonaro con el aporte de los interesados en que todo cambie para que nada cambie? Más allá del desenlace de estas elecciones, la crisis de Brasil lejos de vislumbrar una salida, parece acentuarse.

Fuente: http://ciudadnueva.focolar.org.uy/?p=3505

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