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Punto de vista

Por Diego Lombardi

Millones de personas transitan hoy entre fronteras políticas, llevando consigo deseos de cambios. Algunos son impulsados por la búsqueda de mejores oportunidades, otros lo hacen huyendo de situaciones amenazantes como la violencia o el hambre.

De acuerdo con las Naciones Unidas para el año 2017[1] habían en el mundo alrededor de 258 millones de inmigrantes, esto es casi el 4% de la población mundial. Este es un fenómeno que lejos de disminuir tiende a incrementarse, por lo que es sencillo prever que se trata de una tendencia importante en los años por venir, lo que sumado a su magnitud sugiere que tendrá un rol protagónico en la conformación de una nueva realidad mundial.

El contexto en el que la migración como fenómeno se encuentra inmerso es parte de una realidad global marcada por los signos de la modernidad. La historia de la humanidad no siempre estuvo centrada en el progreso, la misma fue relativamente estable por varios milenios, tal como lo señala el escritor e historiador Yuval Noah Harari en su libro “Homo Deus: A Brief History of Tomorrow” (2015). Así, la novedad del progreso vino de la mano de la modernidad, basada en la idea del hombre como dueño de su destino y no como parte de un plan divino, sugiere Noah Harari. De dicha concepción se deriva el Humanismo, con el hombre como centro.

Comprender el fenómeno migratorio

Comprender el fenómeno migratorio desde la modernidad es clave pues el mismo representa la materialización de un hecho concreto, la difuminación de las barreras impuestas por el concepto de Estado – Nación frente a realidades cada vez más globales. Dicho en otros términos, la modernidad, en su búsqueda constante del progreso y su foco de atención en el ser humano, borra fronteras creadas artificialmente y tiende hacia la unificación de la humanidad a través de realidades compartidas. La migración es un caso concreto, pero a ellos se les pueden sumar la trata de personas, el uso de los recursos naturales, la sostenibilidad medioambiental, incluso los conflictos políticos.

Para comprender el fenómeno migratorio hay que partir de una base común conceptual. Así, la ONU, a través de la Organización Internacional para la Migración (OIM), define a una persona migrante como “toda persona que se está moviendo o se ha movido a través de fronteras internacionales o dentro de un Estado fuera de su lugar habitual de residencia, sin importar (1) el estatus legal de la persona; (2) que el movimiento sea voluntario o involuntario; (3) cuáles son las causas, o (4) qué tan extensa es la permanencia”[2]. A través de esta definición se tiene que la condición esencial para ser considerado migrante es estar fuera del lugar habitual de residencia, lo que abre un amplio abanico de categorías dentro de quienes pueden ser considerados migrantes.

Los procesos migratorios son diversos

En virtud de lo anterior, los procesos migratorios son diversos, y por lo tanto complejos, los mismos pueden darse bajo distintas categorías, tales como aquellas vinculadas al status legal (trabajo, estudios, reunificación familiar, refugio, entre otras), al carácter voluntario o no de la migración, las causas (económicas, conflictos sociales, guerras, entre otros), e incluso si se trata de un proceso temporal o permanente. Aunado a esto, hay una categoría adicional que puede implicar diferencias importantes en cuanto a las características que adquiere el caso migratorio específico, y se trata de si éste se ha realizado por necesidad o no. La ONU estima que 68 millones de migrantes lo han hecho por necesidad, de estos 25 millones son refugiados, 3 millones han solicitado asilo, y otros 20 millones son desplazados internos.

Dada la complejidad del fenómeno migratorio, y en particular por las implicaciones de desarraigo que el mismo tiene al tratarse de un hecho en el que la persona se encuentra “fuera de su lugar de residencia natural”, es de esperar que el mismo tenga asociado cargas emocionales importantes[3]. En dichos contextos el establecimiento de vínculos emocionales y sociales suelen ser un aspecto clave para el emigrante en su proceso de adaptación, pudiendo darse dichos vínculos entre la propia población migrante, o entre ésta y la población del lugar de recepción, siendo en ambos casos factores que inciden la composición de las estructuras sociales en el lugar de recepción, y por lo tanto en la forma que la Sociedad Civil adquiere en dicho espacio.

La inmigración puede tener un rol importante

Así, la inmigración puede tener un rol importante en la conformación de la Sociedad Civil en un espacio geográfico determinado, entendiendo que ésta se construye principalmente con base en relaciones. Como señala Lugino Bruni: “la vida Civil es en esencia un asunto de reciprocidad. Cooperación, amistad, contratos, pactos, familia, amor e incluso conflicto, todas son relaciones muy diferentes unas de otras, pero comparten una misma característica: todas son formas de reciprocidad. (…) Reciprocidad es, al mismo tiempo, una y muchas; la sociedad civil florece si y cuando las diferentes formas de reciprocidad son vistas como complementarias en vez de competitivas o sustitutas unas de otras”[4].

La migración es una realidad global que trasciende las fronteras políticas, la cual alimentada por la modernidad tiende a acentuarse, y que al aproximarse a ella desde una visión centrada en el ser humano conlleva a entenderla como un hecho universal, y que por lo tanto puede ser abordado desde la idea de unidad. A ello se debe agregar que el fenómeno migratorio genera cambios importantes en las formas que adquieren las relaciones humanas, tanto para el emigrante como para quien lo recibe, y esto a su vez influye en las características que adquiere la sociedad civil en un espacio geográfico determinado. En dicho contexto, la reciprocidad es clave para darle un sentido civil a las relaciones que se generan producto de la migración.

Por Diego Lombardi 

[1]    https://migrationdataportal.org/
[2]    http://www.iom.int/who-is-a-migrant
[3]    Para una revisión de la bibliografía en torno a los efectos emocionales de la migración ver: Boccagni, Paolo & Baldassar, Loretta. (2015). Emotions on the move: Mapping the emergent field of emotion and migration. Emotion, Space and Society. 16. 10.1016/j.emospa.2015.06.009.
[4]    Bruni, Lugino. Reciprocity, Altruism and the Civil Society. Routledge, 2008.

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