El deseo de continuar el camino de unidad iniciado el 25 de febrero del año pasado con el nacimiento del Movimiento Político por la Unidad (MPpU) Europa, precisamente coincidiendo con el inicio de la guerra en Ucrania, nos animó a coger la maleta y recorrer bastantes kilómetros, algunos de nosotros más de mil. Éramos veinte personas procedentes de Italia, España, Alemania y la anfitriona, Francia, apasionadas por construir la casa común europea.

Estrasburgo -junto con Bruselas- es la sede de las instituciones europeas, una ciudad moderna, que combina su actualidad con un encanto medieval que se vislumbra en sus calles y canales.

Comenzamos nuestro encuentro compartiendo la experiencia de cada uno en las instituciones, administraciones, sociedad civil,…, pero sobre todo intentando avanzar en el diálogo sobre la Fraternidad como propuesta para nuestra acción política. Fue importante recordar las palabras del Prior de Taizé: “…Hay algo mucho más profundo y necesario para construir la paz. La cuestión de la relación entre los seres humanos debe situarse en el centro de la educación. Se trata de vivir relaciones justas, de aprender el respeto a la alteridad, al otro, a caminar juntos.”

 

Al día siguiente, una mirada en profundidad a las instituciones europeas; la historia de la Unión Europea y su vocación en el mundo con un ponente de excepción: Francois Brunagel, jefe de gabinete de dos presidentes del Parlamento Europeo, y alto funcionario de esta institución durante cuarenta años, diez de ellos como Director del Servicio de Protocolo del Parlamento.

Su brillante y clara exposición era fruto de una dilatada experiencia profesional, entreverada con una gran pasión por Europa: “… la situación económica desde 2011 y la pandemia nos dicen que cada vez que hay una crisis, Europa progresa. Tenemos varios retos por delante: política energética, política alimentaria, seguridad territorial, flujos migratorios, pero el mayor reto es mantener a la Unión Europea unida en la toma de decisiones.”

A continuación, el análisis de las funciones del Parlamento Europeo -con representantes de los 27 estados miembros- y del Consejo de Europa -que acoge a 46 países- subrayan que los valores fundamentales que los padres fundadores situaron en la base de la Unión, han quedado plasmados en el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH), que entró en vigor en 1950 y ha sido suscrito por todos los países que forman parte del Consejo de Europa.

El 9 de mayo, Día de Europa, celebramos una importante reunión -en una sala del Parlamento Europeo- con varios eurodiputados de diversas tendencias políticas. Escribe la eurodiputada Patrizia Toia: “Hoy he tenido el placer de recibir en el Parlamento a una delegación del Movimiento de los Focolares, que ha presentado las actividades y compartido las experiencias llevadas a cabo por el Movimiento. El diálogo, la comunidad de intenciones y, sobre todo, la atención a la unidad y a la fraternidad, están en el corazón de este estupendo Movimiento de los Focolares. Son también los valores de la unidad europea, basada en la unión de la diversidad y la solidaridad. Un encuentro como éste de hoy, Día de Europa, con la presencia de nuestros colegas Brando Benifei, Pietro Bartolo, Beatrice Covassi, Rosa D’Amato e Isabel Estrada Carvalhais, adquiere aún más significado y es una importante contribución al futuro de Europa”.

Posteriormente, pudimos saludar también al eurodiputado Nicola Procaccini.

Por la tarde, bajo la lluvia, participamos en una marcha por la paz convocada por “Juntos por Europa” y, a continuación, asistimos a una celebración ecuménica con algunos eurodiputados en el Temple Neuf, promovida por representantes de diferentes iglesias cristianas; una oportunidad para rezar juntos por la paz y la reconciliación.

Al día siguiente, la participación en la misa católica en el Parlamento, nos permitió iniciar nuevas relaciones con los eurodiputados presentes, y comentar la forma de poner en marcha algunas dinámicas.

Dedicamos principalmente este tercer día a conocer el Consejo de Europa, su historia, sus objetivos, y su labor al servicio de los derechos humanos, de la democracia y del Estado de derecho, de la mano de Alfonso Zardi, quien, con una dilatada carrera profesional como alto funcionario de esta institución, nos ilustró brillantemente sobre estos aspectos y el papel fundamental del Consejo en la integración europea.

Por último, una visita a la Catedral coronó nuestra estancia en Estrasburgo. También aquí está presente Europa y su sueño de paz y reconciliación en el continente. De hecho, la vidriera que ocupa el centro del ábside, donada por el Consejo de Europa en 1956, muestra a María en su realeza con el símbolo de Europa en la parte superior: el círculo de doce estrellas sobre fondo azul. En la vidriera puede apreciarse un lema en latín que dice: “A mediados del siglo XX, los pueblos de Europa se reunieron en Estrasburgo para poner fin a sus luchas” ¡Ojalá se encuentren vías para que el fin sea definitivo y reine la paz!